Reconozco que hasta hace poco no sabía cómo se llamaba el presidente de Honduras. Ahora todos sabemos que se llama Zelaya. Tampoco conozco cuál es su política, o si lo hace bien o mal. Por tanto, no puedo discernir, a priori, si el golpe de Estado es un acto heroico por parte del ejército para salvar al pueblo de un tirano, o es, como tantas veces, un acto orquestado por los elementos del poder económico. El hecho de que el señor Aznar y los demás neoliberales del Partido Popular, así como sus medios de propaganda, justifiquen tácitamente el golpe de Estado, ya nos está indicando que los hilos que mueven al ejército los guían los elementos del poder económico (en su mayoría extranjero) de Honduras. Es el mismo argumento que años atrás emplearon para justificar la guerra de Irak: iniciar una guerra para mantener la paz - dar un golpe de Estado para mantener la democracia. O dicho de otro modo, para que quede más patente su hipocresía: iniciar una guerra para evitar la guerra - dar un golpe de Estado para evitar un golpe de Estado. Porque los neoliberales argumentan que Zelaya estaba preparando un golpe de Estado. No sé si es cierto, porque también Saddam Hussein tenía, según ellos, armas de destrucción masiva. En cualquier caso, al final, los golpistas son ellos. Y no olvidemos cuál es la principal preocupación de los neoliberales: ¿el pueblo? ¿la nación? ¿el orden democrático? No: mantener su statu quo económico.
Pero esto de Honduras es una vieja historia que se repite una y otra vez. En 1954 la CIA orquestó un golpe de Estado contra Jacobo Árbenz, presidente electo de Guatemala. Elegido además según el sistema "democrático" que los propios liberales han desarrollado para mantener su poder. El motivo por el que los Estados Unidos, los mismos que invaden países para "llevar la democracia" atacaron a la democracia guatemalteca, es que Árbenz quería implementar una nacionalización y socialización de los recursos agrarios. La gran perjudicada de esta reforma agraria era la United Fruit Company, una multinacional yanki dueña de casi toda la tierra de cultivo de Guatemala y que se dedicaba a explotar a los ciudadanos guatemaltecos. Lo mismo ocurrió en 1973 en Chile. En este caso los Estados Unidos acabaron con la democracia chilena (la más antigua de Latinoamérica) porque a Salvador Allende se le había ocurrido la brillante idea de nacionalizar las minas de cobre del país. Esto no sentó muy bien a las multinacionales yankis que estaban en Chile robándole el cobre a los chilenos. Y allí le mandaron al señor Pinochet, un anti-patriota, y uno de los mayores lameculos de yankis e ingleses de toda Sudamérica.
La misma historia se repite por doquier a lo ancho del globo. Ocurrió también aquí, en España, en 1936, aunque esa es ligeramente distinta, y tiene sus propios matices. La cuestión es que, cuando uno examina la política exterior de Estados Unidos se percata de que apoyan gobiernos dictatoriales (como el de Pinochet), democráticos, o incluso marxistas (los yankis apoyaron la subida al poder del marxista Kabila en el Zaire), pero inmediatamente atacan a cualquiera, sea un tirano o un presidente electo, al que se le ocurra nacionalizar los recursos que ellos están robando. Si examinamos el eje del mal del señor Bush Jr., vemos que incluye elementos tan dispares como a los ateos jucheistas de Corea del Norte, a los integristas islámicos chiíes de Irán, y a los laicistas panarabistas de Irak (el partido Baaz de Saddam Hussein). Todos ellos son "enemigos" entre sí (recuérdese la larga guerra entre Irak e Irán), y sin embargo los yankis los meten en el mismo saco. ¿Qué tienen en común? Revolucionarios iraníes, panarabistas irakíes y jucheistas norcoreanos abogan por la nacionalización de sus recursos. Y la nacionalización implica que ninguna potencia extranjera podrá entrar a robarlos. Y eso cabrea mucho a los neoliberales, que sustentan su poder económico en los atracos, literalmente a mano armada, que comenten por todo el planeta.
Lo gracioso es cuando el propio sistema de gobierno que los liberales han desarrollado para mantenerse en el poder, lo que ellos llaman "democracia", se vuelve en su contra. Entonces, cuando alguien que quiere cortarles las alas sube al poder por la "vía democrática", de pronto dejan de ser demócratas y se quitan la máscara. Todo neoliberal es demócrata en las "democracias" en las que se mantiene el capitalismo... Pero si el pueblo vota "socialismo", pierden la fe en su propia democracia.
La historia nos ha enseñado que los capitalistas solo conocen dos idiomas: el lenguaje del dinero, y el idioma universal de las armas. Y sin embargo sigue habiendo ilusos que insisten en hablarles con el idioma de la democracia. Eso no sirve de nada, así que los trabajadores tendremos que usar un idioma que entiendan, y como el dinero lo tienen ellos, las únicas palabras que nos dejan pronunciar son las que salen del cañón de un Kaláshnikov.
